Hay personas que, sin importar cuánta evidencia se les dé, ¡simplemente no querrán creer!

Aquí entran en juego factores emocionales y de voluntad. No quieren creer porque aceptar la verdad implicaría cambiar su estilo de vida, pensamientos, amistades, valores, prioridades y ceder el control. Saben que el cristianismo no es solo recibir perdón, sino también negarse a sí mismos cada día.

Por otro lado, también hay cristianos que creen sin cuestionar porque quieren creer. Pero lo mismo ocurre con los ateos: muchos adoptan su postura sin evaluar las evidencias, dando un gran salto de fe en su ateísmo porque quieren que sea verdad. Tal vez sienten que su vida será más fácil y divertida bajo esa creencia.

Para ambos casos, el mismo principio aplica: el hecho de que quieras creer algo no lo hace verdad.

También están los agnósticos, quienes prefieren mantenerse en una posición neutral, justificándolo con la idea de ser “de mente abierta”. Sin embargo, hay una gran diferencia entre tener una mente abierta y tener una mente vacía.

La verdadera apertura mental implica reconocer la verdad cuando la encontramos. Si hay suficiente evidencia, los agnósticos no están tomando una posición neutral, sino evitando tomar una postura, lo que equivale a una mente vacía.

Referencias

No tengo suficiente fe para ser ateo